dijous, 4 d’abril del 2013

Seattle

Esta semana he dejado el sol del mediterráneo de primeros de abril para abrir el paraguas, con diez grados menos. Y no me gusta la idea, la verdad. Estoy de camino, en el coche. Y llueve. No veo pasar, ni pasear, ni una sola nube, ni siquiera veo sus perfiles. El cielo está tan gris que el verde de las plantas que me cruzo por el camino desprende luz.
En mi ventana aparecen tímidas gotas de lluvia. Algunas engordan, resbalan hacia abajo y pronto desaparecen; otras, sin embargo, dejan huella, pero siguen su camino, hacia abajo o hacia el lado. El viento  hace con ellas lo que quiere. Pero no se quejan apenas. 
Cuando llueve, me gusta escuchar Seattle de Mark Knopfler en el coche, no me preguntéis por qué. Aunque bueno, quizás sea porque el limpiaparabrisas me marca el compás de la canción, y eso me da paz. Sí, quizás sea por eso. De hecho, ya me estoy durmiendo... Pero no conduzco yo. 




dijous, 7 de març del 2013

Palabras

Soy una fiel defensora de las palabras. De todas. De las que sobran, de las que faltan y de las que nunca faltan; de las que hacen olvidar, de las que te olvidan y de las que nunca olvidan. Palabra es razón, palabra es sentimiento, sueño eterno; Palabra es tiempo. 
Con las palabras aprendí a construir refugios, con ellas descifré miedos. Con ellas me envenené, envenené. Nadé en un mar de palabras, en él me encadené, y de su frescura me embriagué. La misma frescura me hizo saltar, con ellas, en picado al corazón, y aterricé como bien pude, pidiendo sujeción a mis pies, o a mi cabeza, no lo sé aún bien. Con ellas liberé, me liberé; con ellas llené, vacié; Con ellas olvidé cosas que aún recuerdo; con ellas, recuerdo cosas que nunca olvidé. 
Sin palabras, no hay colores, ni cinco sentidos. Sin palabras, no hay líneas, ni letras, ni ojos que las lean.  Unos ojos se van quedando sin palabras para llenar los espacios vacíos, en estas lineas sin sentido. Otros ojos, en cambio, no saben donde pararse a mirar. Son ojos caprichosos, que escanean, que imantan; son ojos que vienen y van. Los mismos ojos que te sonríen con un guiño; los mismos ojos que con un pestañeo te dan las buenas noches... y muchas otras cosas. ¿Palabras, quizás? 


"So I look for love. I like the search (...) I'm not perfect, but you don't mind that, do you?"


"Hasta que no cambies lo nuestro será ciencia-ficción (...) Da igual que no cambies, estamos destinados tú y yo". 


dilluns, 18 de febrer del 2013

Love

"It sounds like a kiss. It goes with where you go. A kiss with a touch of a new heart". 

dijous, 14 de febrer del 2013

Microcuento a medio día


"Eran demasiado jóvenes como para no creer en los milagros y lo suficientemente adultos como para alimentar los sueños (...) Ambos se casaron el mismo año, murieron el mismo año. Y, a pesar de tantas coincidencias, jamás volvieron a encontrarse". María Crespo. Jot Down. 

dimarts, 12 de febrer del 2013

Entre lineas

Siempre he pensado que se descansa más haciendo lo que a uno le gusta y con lo que disfruta, que durmiendo, y por eso siempre escribo cuando anochece. 

No sabéis lo feliz que me hace poder dedicar un minuto de mi tiempo a las palabras y a la música, y a hacerlas ver de la mano "entre líneas". Conforme pasan los años estoy más convencida de que, dedicarle tiempo a algo verdaderamente importante, resulta absolutamente edificante, es algo inexplicable. 

No se si alguien lee mis escritos, pero en fin, poco me importa eso. Hoy con mi brevedad digo mucho, y poco es lo que voy a tardar en irme a dormir, aunque si fuera por mí y no por mi dolor de cabeza, seguiría entre lineas. Y entre líneas es como me y te deseo unas buenas noches. 



diumenge, 10 de febrer del 2013

Juego de sombras


De pequeña me apasionaban los juegos de manos, las sombras en la pared. El billete de ida en el bolsillo y la linterna en la mano. Cada noche se convertía en un viaje hacia un nuevo lugar. El número de ilusionismo. Sombras en la pared. Así podía pasarme horas y horas, hasta que mis ojos llamaban al sueño con pestañeos. Y así, la noche eterna.

Ventana abierta, empiezo a observar. Hoy la noche se vuelve a encender, pero sin linterna. Una inmensa luna preside el ya oscuro y casi despejado cielo, y va dejando ver alguna que otra estrella perdida en un rincón; las luces de la ciudad asoman, el frío resbala por las aceras, y no hay casi nadie por las calles. Solo algún rezagado sin paraguas. Es a estas horas cuando reflexiono sobre la vida a veces, cuando observo y me muero de sueño, cuando escucho pasar al camión de la basura, cuando recuerdo y añoro, cuando planeo, cuando huelo el frío, tirito, cierro la ventana y me tapo con la manta; cuando sonrío y cuando lloro, cuando mi cabeza quiere hablar y mis manos escribir. El número de ilusionismo. Sombras en mi cabeza. Y así puedo pasarme las horas. Y así, de nuevo, la noche eterna. 





  

Où peut-on aller danser?



La caminata de veinte minutos hasta la playa y la gloriosa despedida de la puesta de sol de Marsella cambió nuestra forma de ver la vida. Lo recuerdo muy bien. Tú me enseñaste a bailar y yo a ti a vislumbrar estrellas de las que solo alumbran cuando dejas de buscar. Al poco tiempo el invierno nos pisó el pié. tú volviste a Nueva York y yo volví a París. Fue entonces cuando prometimos escribirnos durante los meses que durara el frío, hasta volver a reencontrarnos en primavera.
Ayer mismo recibí tu postal desde Nueva York. En ella echabas de menos bailar sobre mi mano y me contabas sorprendido cómo conseguiste fotografiar el cielo neoyorquino plagado de estrellas. Tengo todas tus fotografías colgadas al lado de la ventana, para observarlas cada mañana al despertar.

Hoy es día de mercado en Montmartre. Hace frío, y parece que las nubes van a resbalar del cielo para cubrir París de lluvia, pero a pesar de eso, la place du Tertre es una fiesta bohemia continua. Los pinceles derrochan color en cada uno de los lienzos allí expuestos, y con tres notas y una canción sencilla, los acordeones alegran cada rincón de la plaza. Todo el mundo está invitado.

Me he sentado en una de las mesas del café de la plaza. El establecimiento se iba llenando conforme pasaban los minutos, y el calor y el humo de dentro empañaban los cristales. Me era casi imposible escribir estas líneas entre tanto gentío, así que, después de un café rápido, he vuelto a la alegría de la plaza y me he sentado en uno de sus helados bancos de piedra.
Mientras comía una fruta del mercado y saboreaba su dulzor, un anciano se ha acercado y se ha empeñado en venderme una ridícula boina. El hombre transmitía tanta ternura que no me he podido negar, y se la he comprado. Cuando se alejaba entre el gentío y la música jazz de la plaza, he mirado al frente y me he visto reflejada con mi nuevo peinado en el escaparate de la tienda de antigüedades de enfrente. Acto seguido me ha dado por reír.
No puedes imaginarte la alegría que desprende esta plaza, ojalá pudiera quedarme más tiempo, pero desde aquí se escuchan las campanas del Sacré-Cœur y eso me recuerda la hora, la hora de volver a casa. Ojalá estuvieras aquí.
Se que nos veremos pronto. Lo se porque aunque el frío pasa lento, estamos a siete pasos de la primavera. Además, te debo un baile, y por carta es imposible bailar…
Nos vemos pronto.