dimecres, 31 de juliol del 2013

Dioptrias

Siempre lo digo, si de verdad ahí arriba hay alguien, algún día tendrá que vérselas conmigo, por tantas cosas que sigo sin comprender.
Cada vez que miro al cielo, me acuerdo de muchas cosas. De todo lo que acabó para siempre, de la sin razón, del por qué, del adiós. Parece que están ahí arriba, en esa inmensidad, en ese silencio, en esos colores, unas veces claros, y otras, más oscuros; en esa nada. Y no parece que pase el tiempo, ni la memoria. 
Las nubes que van y vienen me recuerdan a ellos, y las que se acumulan, al desastre. Hasta que, llega el día en que, sin apenas pensarlo vuelves a mirar arriba y sabes que siguen ahí. Ves las nubes, ves como vienen y van; y el cielo sigue cambiando de color, y te acuerdas de todos ellos, pero de otra manera. Y es así como se hace notar la progresiva degradación de la dioptria, porque tu ya todo lo ves diferente, como con más luz. 




dilluns, 17 de juny del 2013

Somos nubes, no más

Rodar. Rodamos con el tiempo, al tiempo, a tiempo y a destiempo; nos eleva y nos lleva el viento. Rodamos en lo profundo y en lo hondo, en lo oscuro y al sol. Unas veces arriba y otras rozando el suelo. Muy lento, despacio y más aprisa, sin prisa. Rodamos en la estupidez, en la certeza y en la calma. 
Nunca hay final, aunque finalmente te desvanezcas, tu olor se quedará y tus huellas se olvidarán, o puede que al revés. Y seguirás rodando. Consumirás un día más, respirarás un día menos, y sin embargo, verás asomar por la ventana mil amane(anoche)ceres más. Seguirás teniendo más noches que la luna y más años que el sol. Vagarás por la historia. Y seguirás rodando. Como nubes que no pesan y se van; como el mundo cuando ya no quede nada. 




dimarts, 11 de juny del 2013

Hay demasiada humedad en este lado del cristal. Me hago invisible yo y se hace invisible todo lo que hay ahí fuera. Lo cierto es que hace calor. Y me derrito. 

La distancia se quedó con la razón, la tuvieras tú o la tuviera yo. Y con el corazón. Pero siguió latiendo, y los dos respirando, cada uno por su lado. Después vinieron las idas y venidas, con el calor de por medio. Y cuando volví, cuando volviste y las hojas empezaron a caer no te reconocí, no me reconociste. Después vino el invierno y enfrió las ideas, pero estuvimos ahí para darles calor. Siempre supimos sacar lo bueno de los enredos.

No quieras saber qué me pasa. No insistas o terminaré contándotelo. No lo quieras saber. Ni siquiera sé si quiero saberlo yo, pero no se mentir. Pues eso, si vuelves a quererme, avísame con tiempo. Quizás cuando eso ocurra, si ocurre, haya vuelto. Quizás cuando eso ocurra, si ocurre, me reconozcas. Quizás cuando eso ocurra, que no creo, tengamos los dos la razón.





dissabte, 25 de maig del 2013

Pestañeos

Me muevo entre árboles frondosos. Sus troncos son húmedos y verdes, muy verdes. El aire que respiro es de ese que da vértigo. Limpio. Me duelen los pies de la humedad, pero el sol lo intenta calmar. Hace frío y tengo calor. Tengo frío y hace calor. A lo lejos veo el océano. Los árboles que me rodean lo fraccionan, y la neblina, pero puedo ver el horizonte. 
Allí estaba ese azul, como los ojos que dejan mudo a quien los mira. Cristalino, casi transparente, y en calma, como una balsa. Allí, donde nadie antes se había atrevido a entrar.

Después de abrir aquella puerta perezosa, me desperté, y no había mar, ni había océano, ni ojos. No eran más que el frío del escritorio y el calor del flexo que, con pestañeos, me recordaban que tenía que seguir memorizando fechas. Y no eran más que las cuatro. De la mañana, claro.


diumenge, 12 de maig del 2013

Microcuento de madrugada



Todo el mundo dormía, menos ella. 
Recordó aquella risa, aquella sonrisa, la más fresca de todas las fuentes. La que le cantaba nanas cuando no podía dormir. La que una vez le dijo que alguien, en algún momento, alguna vez, subiría para regalarle la luna.
Aquella noche, al asomarse a la ventana, la vio en su punto más cercano. La luna, estaba casi en el suelo. La tenía en la punta de los dedos. 



diumenge, 28 d’abril del 2013

divendres, 26 d’abril del 2013

La mano

"La vida a veces es tan breve y tan completa, que un minuto -cuando me dejo y tú te dejas- va más a prisa y dura mucho. La vida a veces es más rica. Y nos convida a los dos juntos a su palacio, entre semana, o los domingos a dar tumbos. La vida entonces, ya se cuenta por unidades de amor tuyo, tan diminutas que se olvidan, en lo feliz, en lo confuso. La vida a veces es tan poco y tan intensa -si es tu gusto-... Hasta el dolor que tú me haces da otro sentido a ser del mundo. La vida, luego, ya es nosotros hasta el extremo más inmundo. Porque quererse es un castigo y es un abismo vivir juntos". Jaime Gil de Biedma

Me agarra la mano tan fuerte que apenas puedo respirar. Pero no me disgusta, en absoluto. No me deja ni entrar ni salir. Estoy prácticamente dentro, pero en el límite de la duda. No se si subo o si bajo. 
Perfectamente, en cualquier momento, podría decidirse a soltarme cuando yo decida entrar. O incluso haga yo fuerza para resbalar de sus dedos poco antes de que me agarre la otra mano. Y ahí están, las manos, como el perro del hortelano pero entre las barcas. 
Los recuerdos que afloran y me sorprenden un día cualquiera, fuera de mi cabeza, en imágenes reales, me agarran del pié, y me complican aún más las cosas. Y estoy en el aire, como un interrogante. Soy casi, soy quizás, soy mitad. Pero solo sonrío, no más. 
Alguien viene y me dice que esto no me lleva a ninguna parte, pero a mi me da lo mismo, me da igual mirarme al espejo y ver que no tengo alas para echar a volar. 
Siempre dentro de un bucle que no parece terminar. Mis pies en circulo, mi mente en blanco y aciertos, ni uno. 
Pero tengo todo el tiempo del mundo para saber en qué concluyen mis sueños. O quizás no tanto. Y puede que sea más fácil de lo que parece. O quizás no. 
Quiero que así sea, fácil digo. Y me dicen que me vaya, una vez más. Pero aquí sigo... Y ahí sigue, la mano. 
Vaya por Dios.